Salud Digestiva

Muchas personas llegan a mi consulta con:

– Hinchazón abdominal persistente

– Gases o digestiones pesadas

– Alternancia entre estreñimiento y diarrea

– Reflujo o acidez

– Intolerancias a la lactosa y/o la fructosa

– Cansancio después de comer

– Reacciones a ciertos alimentos

– Infecciones recurrentes

Y en muchos casos, estos síntomas llevan años presentes y la persona se ha acostumbrado a convivir con ellos. Incluso llegan a formar parte de “su normalidad”.
En realidad pueden estar relacionados con estados de inflamación intestinal y alteración de la microbiota (un ecosistema complejo de microrganismos que residen en nuestro intestino, especialmente en el colon). 

Y dicha inflamación no se queda sólo en el aparato digestivo, sino que puede repercutir sobre el resto del organismo, ya que el intestino forma parte de un sistema más complejo que se comunica constantemente con el sistema inmunológico, el sistema hormonal y el sistema nervioso. 

La explicación de esos síntomas que hemos citado la podemos encontrar en una disbiosis intestinal (alteración del equilibrio bacteriano), sobrecrecimiento bacteriano (SIBO), histaminosis, candidiasis intestinal, parasitosis, helicobacter pylori y en alteraciones de la permeabilidad intestinal. 

En estas situaciones la microbiota se ha alterado  y no sólo afecta al intestino, sino también al sistema hormonal, al sistema nervioso, al metabolismo y al sistema inmune. Todo ello puede explicar algunos de los síntomas extradigestivos, como fatiga, ansiedad o dificultad para perder peso, entre otros.
El intestino y el cerebro (eje intestino-cerebro) están conectados de forma constante a través del sistema nervioso, especialmente a través del nervio vago. Por esa razón, el estrés crónico puede alterar la motilidad intestinal, las digestiones y la composición de la microbiota y, a su vez, una disbiosis intestinal puede influir en el estado de ánimo, la ansiedad, el sueño o la capacidad de gestionar el estrés.

Por todo ello el tratamiento no puede limitarse sólo a quitar o modificar alimentos de la dieta. Es necesario también modificar hábitos de vida, aprender a gestionar el estrés, dormir y descansar bien, respetar los ritmos circadianos…

Si llevas tiempo con síntomas digestivos que no terminan de resolverse, es posible que necesites un enfoque más profundo e integrativo.

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